lunes, 7 de julio de 2014

Tenía ganas de romper mi cara sobre un cristal de vidrio trasparente


Magritte. La clef des champs (1936)

-Cuando camino sin un destino preconcebido, que es lo que habitualmente hago, siempre llego a alguna parte- comentó Susana mientras sorbía un buen trago de cerveza sin alcohol.
-Pues yo cada vez que logro llegar a algún sitio, tengo que intentar recordar cómo he llegado hasta allí- le contesté sin pensar realmente en lo superficial de mis palabras.
-Eso os pasa porque sois demasiado soñadores- sentenció Fernando.
-¿Soñadora yo? ¿Soñadora yo?

La verdad es que Susana era una soñadora. Ella lo sabía pero le gustaba jugar al despiste. Por el contrario, Fernando era un tipo realista cuya única razón para seguir vivo era llevar la contraria a todos. Ambos mantenían una relación desde los 16 años y empezaban a sentirse demasiado atados.

-Bueno, yo creo que eres una soñadora amateur. Yo sin embargo hago de las ensoñaciones un arte, aunque esté mal decirlo- repliqué al cabo de un rato-. Si estáis de acuerdo puedo enseñaros, a ambos, a diseñar vuestros propios sueños. Es fácil. Sólo se necesita...
-Lo que no entiendo- dijo Fernando, cortándome secamente, -es cómo has llegado a la conclusión de que eres tan especial.
-Yo no he dicho que sea especial.
-En todo caso, yo diría que eres espacial- dijo Susana con voz entrecortada.
¿Espacial? ¿Él?- se preguntó Fernando-. Si tan espacial es, ¿por qué no se echa un vuelecito delante de nosotros?

Susana tenía 42 años aunque aparentaba diez menos. Trabajaba de stripper en un garito bastante oscuro y coleccionaba zapatos con tacón de aguja. Fernando juraba que tenia 38 años, aunque todos sabíamos que pasaba de los 50, pero nos cuidábamos mucho de dejarlo en ridículo. No valía la pena, pues ya se dejaba él mismo en evidencia cada vez que abría la boca. Llevaba en paro 14 años y se jactaba de ello siempre que la ocasión le era propicia.

-Yo no creo que sea espacial- contesté-. Por lo menos no en todas las ocasiones. Ahora mismo me siento bastante terrenal con este zumo de naranja en la mano.
-¿Espacial? ¿terrenal? Esto parece un capítulo de la serie "Cosmos"- gruñó Fernando mientras se encendía un cigarro al revés.
-Fernando, ¿qué te pasa tío? ¿Por qué estás tan capullo?- soltó Susana.
-No me dices que soy un capullo cuando te follo.
-¿Cuando me follas? ¿A eso que tú me haces lo llamas follar?- preguntó Susana- Si eso es follar yo necesito que me desfollen.
-Chicos, ya vale- dije - Estoy aquí para pasármelo bien con vosotros, no para escuchar reproches.
-¿Si no follo bien por qué estás conmigo?
- Pues mira, si quieres que te sea sincera, no lo sé.

Conocí a Susana y a Fernando cuando eran unos adolescentes. Pronto nos hicimos inseparables, aunque a veces me entraban ganas de estrangular a ambos, sobre todo cuando no tenían reparos en destrozarse mutuamente delante de los demás. A ellos no parecía importarles montar numeritos y, de hecho, los montaban siempre que podían.

-¿Quizá ha llegado el momento de separarnos, no crees?
-Pues quizá sí. Ya empiezo a estar harta de tus gilipolleces de niño malcriado.
-Creo que voy a irme. Tengo bastantes cosas por hacer- dije- Además el que está cansado de todas estas increpaciones soy yo. Lleváis décadas así. A vosotros os gusta, pero pensad cómo se sienten los que tienen que escucharos.
-Greg tiene razón- dijo Susana-. Deberíamos dejar de ser tan egoístas.
-Yo no soy egoísta- balbuceó Fernando mientras hacía ademanes extraños con las manos- Vosotros sí que sois egoístas. Susana se cree la reina del Universo. Y se enfada cuando alguien le dice cualquier cosa. Y tú. Tú te crees especial y espacial y eres incapaz de sentir nada por nadie. Eres el tipo más frío que he conocido en mi vida. Y no lo digo yo sólo...

Nunca en mi vida había querido tanto a alguien como ellos. Pero a veces los odiaba como nadie en su sano juicio es capaz de odiar. Cuando esto último sucedía, solía dejarlos de lado por una temporada más o menos larga, hasta que de repente, un día me levantaba y los echaba de menos. Echar de menos duele.

-Greg no es frío- dijo Susana-. tú sí que eres frío. ¿Quieres que le cuente algunas de tus peculiaridades más especiales?
-Prefiero que le cuentes mis peculiaridades más espaciales- contestó Fernando-. Yo también puedo ser muy espacial cuando quiero.
-Pues deberías querer más a menudo- escupió Susana-. Te estás convirtiendo en un abuelo malhumorado y decadente.
-Yo seré decadente pero tú eres indecente. Llevas 20 años enseñando las tetas y la chirla a todos...
-¡Sí! Y pagando las facturas de ambos con mi desnudez. No lo olvides.
- Nunca lo he olvidado. Nunca lo olvidaré.

Susana y Fernando están muertos. Se mataron en un accidente de tráfico hace unos años. Junto a ellos, perdieron la vida otros tres amigos. Salían de una discoteca y Fernando comenzó una bronca que acabó con su coche estrellado contra un muro. No fui a su entierro. Me encontraba demasiado enfermo. Todavía siento un calambre recorriéndome la espina dorsal cuando pienso en ellos y cómo acabó todo. Daría el resto de mis días y de mis noches por estar junto a ellos. Daría todo lo que soy y no soy por asistir a otra bronca fenomenal sabiendo que todavía están vivos. Sé que pensando de esta manera me acerco un poco a lo que recuerdo que decía mi amiga, al inicio de este texto: cuando caminamos sin un destino preconcebido, siempre llegamos a alguna parte. Siempre, no algunas veces.