jueves, 12 de junio de 2014

La trampa

Glenn Brown

La editorial Insanía acaba de publicar la segunda recopiación de textos escritos por pacientes psicóticos procedentes de varios hospitales psiquiátricos de diferentes países de la Comunidad Europea. En este volumen podemos encontrar 43 relatos de pequeña o mediana extensión que discurren por universos muy diferentes al nuestro. Gracias al amable acuerdo establecido entre este blog y los propietarios del Copyright, en el que se permite la reproducción de uno de esos documentos, nos complace presentar en exclusiva el titulado "La trampa", escrito por un sujeto afectado de esquizofrenia hebefrénica que se suicidó unas pocas horas después de escribirlo.  


LA TRAMPA

Estaba contento por asistir a una conferencia de Victor Patiño, el líder del partido antiglobalización al que había otorgado mi confianza y mi voto. El discurso, bastante agresivo y repleto de mala uva discurría por los derroteros habituales, que no eran otros que atacar con dureza y algo de comedimiento a los poderes fácticos establecidos:

"He oído decir muchas veces, que para que esta clase de sociedad autótrofa que hemos inventado se desarrolle sin contratiempos, antes es preciso que funcionen cada uno de los engranajes que la constituyen. El problema es que una de esas piezas, quizá la más importante, está mal diseñada pues corresponde al ente humano que, lejos de intentar avanzar de forma racional y ordenada, prostituye sus sentidos sin ningún tipo de remordimiento, arrojándose en brazos de los falsos gurús que gobiernan con mano férrea la mayoría de las instituciones."

A partir de aquí, algo raro sucedió, pues su prosa, hasta entonces comprensible y penetrante, se tornó en una especie de galimatías sin sentido:

"Mientras se pertieven y dedragan con agreglía isunidata, uh uh , esos flasos protefas nos connedan al frasaco aslobuto. Es nusetro beder nedeter etsa inmafia que  ..."

De pronto y sin que nadie se lo esperara, Victor sufrió una transformación corporal bastante asquerosa y delante de todos nosotros se convirtió en el secretario general del partido que gobernaba. Dando una patada a los restos sanguinolentos que habían quedado de su anterior cuerpo y que descansaban sobre el suelo prosiguió con el discurso, aunque de una forma totalmente diferente:

"Necesito una piscina más grande. La que tengo se ha quedado pequeña. Vosotros me la construiréis. Vosotros y vuestros padres ancianos, vuestros hijos necesitados de disciplina y vuestras mujeres que os soportan pero os aborrecen. Y cuando acabéis de construirla os asignaré otros trabajos igual de reconfortantes. Nunca volveréis a estar ociosos, porque un vago es un horizonte equivocado, una senda que no conduce a ninguna parte, una realidad frustrante para la sociedad que yo voy a construir. Y si se han de cubrir las calles con vuestra sangre aguada y roja, no me preocupa, porque vuestros parientes cercanos se encargarán de limpiarlas. Quiero un pueblo que pueda sentirse orgulloso por haber sido domesticado, pero que al mismo tiempo sea dinámico y carente de ideas propias. Quiero una nación de hombres y mujeres con mente cándida y programable. Vosotros deberéis construir vuestro nuevo mundo, que no será más que una extensión del mío propio, pero sin tantas comodidades.

A estas alturas de la alocución no se podía escuchar ni un ligero murmullo, pues la concurrencia estaba totalmente alucinada. Como había sucedido unos minutos antes, sus palabras empezaron a salir de su boca de forma desordenada:

"Votrosos sios narce de mi narce y gansre de mi gansre. Hu hu. En vuetsros cebreros adre el iaedl de la zarra surepior que ..."

Y como si de una mala película de ciencia ficción se tratase, la cosa volvió a metamorfosearse y recuperó su estado primigenio, el de Victor Patiño, líder del partido que siempre me convencía:

"Lo que queremos es esa perfecta unión entre libertad y patria; no entre esclavo y patrón. Queremos sentirnos orgullosos de nuestro futuro, pero sin olvidar nuestro pasado. Perdonaremos las afrentas, pero no volveremos a permitirlas. Urdiremos y llevaremos a cabo la última y verdadera revolución. No somos obreros sin dignidad, somos la dignidad que moverá nuestros propios destinos. Ningún traficante de carne se beneficiará de nuestros sueños. Os lo prometo. Ningúna religión nos dictará sus normas. Os lo prometo. Os lo prometo. Y os prometo que soculianeremos uh uh. soculiaremos la sicris ecisxential que...que... Uh uh. La sicris exiscentrial...ecistren..."

Se me hace tan difícil escribir sobre lo que sucedió a continuación... Durante cinco minutos que se hicieron eternos, ese ser que no parecía humano volvió a transformarse en uno u otro de los líderes, una vez tras otra, y en un momento dado, en dos a la vez. Recuerdo que la gente corría sin rumbo. Algunos se quedaron petrificados y en sus rostros se podía ver reflejado algo parecido al terror cerval en estado puro. Los que corrían, gritaban mientras se pisaban los unos a los otros. Por alguna razón yo ni siquiera pestañeé. Después de la ultima mutación, el ser explotó. Y sus vísceras, semejantes a ramas carcomidas impregnadas en savia de un color irreal, se estamparon por las paredes y el olor fétido de la putrefacción envolvió nuestros cuerpos.

No recuerdo cómo llegué a mi casa. Tampoco quiero recordarlo. Ahora estoy sentado sobre mis talones escribiendo lo que he visto. O lo que creo que he visto. No lo que he soñado, porque si de algo estoy seguro, es de que fue cualquier cosa menos una pesadilla.