domingo, 29 de julio de 2012

Tito

Michael Sowa


Me llamo Tito, aunque eso no es demasiado importante en estos momentos. Vivo en un piso de una calle cualquiera, a las afueras de una capital mohosa y deprimida; conmigo comparten vivienda cuatro personajes inútiles, excéntricos y mezquinos. Permitidme que os los presente:

Sergio es artista, él dice que pintor, pero yo creo que su talento no está relacionado con ninguna de las bellas artes sino con la estupidez, por eso no creo que nadie se ofendiera, incluido él, si tuviera que definir su verdadera ocupación como creador de aburrimiento o malversador de tiempo en circunstancias favorables. Veamos un ejemplo a partir de la conversación que mantuvo ayer con Javier, su mejor amigo y bebedor empedernido de cerveza, mientras el primero le enseñaba su último cuadro al segundo:

SERGIO: ¿Y bien, qué te parece?
JAVIER: Hum, no sé, ¿eso de ahí es un culo?
SERGIO: Es la existencia...
JAVIER: ¿La existencia? Pues parece un ojete...
JAVIER: Pues es la vida como forma de escape a lo desconocido. Lo titulo "Metástasis existencial".
JAVIER: Pues deberías titularlo "Metástasis de un orificio íntimo".
SERGIO: Nadie te ha pedido tu opinión, así que si lo único que te interesa es meterte conmigo vas un poco desencaminado. Sabes que soy duro como una piedra.
JAVIER: Así que "Metástasis existencial", ¿eh?
SERGIO: Al principio quise titularlo "Propagación linfática", pero supuse que con un título así nadie se interesaría por el.
JAVIER: ¿Crees que alguien querrá comprarlo? Quizá si lo titularas "Agujero excremental"...
SERGIO: Vaya, creo que tienes una fijación anal, deberías hacerte un psicoanálisis.

Maite es su mujer a tiempo parcial, pues casi nunca está en casa. Trabaja en una clínica de estética y se acuesta con el bedel. A veces, cuando se siente verdaderamente frustrada, raja con un bisturí los cuadros de su marido y le echa la culpa a las uñas del gato. El problema es que en este hogar no hay gato, por lo que las discusiones son constantes y más de una vez me la he cargado yo, aunque a estas alturas de mi vida ya no me molesta en absoluto. Alguna vez me he preguntado si realmente existe algo de afecto entre los dos, aunque sea en los instantes, muy poco numerosos, en que ambos no se tiran los trastos a la cabeza. Sin ir más lejos, esta mañana...

SERGIO: Buenos días Chita.
MAITE: Buenos días gilipollas. Me voy a la ducha que es el único lugar donde no escucho tus sandeces.
SERGIO: Por mí como si quieres irte a la galaxia de Andrómeda.
MAITE: ¿Por qué no te suicidas?
SERGIO: ¿Para que te quedes con la casa?
MAITE: Te recuerdo que vivimos de alquiler.
SERGIO: Bueno, me da igual, no pienso ponerte las cosas tan fáciles...
MAITE: ¿En qué estaría pensando yo el día en que te conocí?
SERGIO: Supongo que en nada, como siempre.

José es el hijo de Maite y de su anterior marido. Aunque tiene catorce años aparenta solamente trece y en estos momentos se está dejando crecer su primer bigote. Odia a muerte a su padrastro y está perdidamente enamorado de su madre, a la que espía mientras se cambia de ropa. Recuerdo cierto día. Después de regresar del oculista, con la visión borrosa debido a los colirios o potingues que estos tipos usan para graduar la vista, José cometió un gran error pues confundió a su madre con su padrastro: lo contempló mientras se desnudaba y tuvo un amago de erección. Nunca le llamé la atención sobre su "pequeña" equivocación, más que nada porque no hablo. De todas formas, he aprendido a no meterme en asuntos que no me conciernen y gracias a esta fenomenal cualidad, sigo sobreviviendo de la mejor forma posible. Por cierto, hace apenas media hora...

SERGIO: José, capullo, te he dicho mil veces que no dejes tu ropa en mi estudio.
JOSÉ: Ese calzoncillo no es mío.
SERGIO: ¡Coño!, es mío. Lo siento.
JOSÉ: ¿A qué hora viene mamá?
SERGIO: Esa puerca no viene a comer. Me imagino que en estos momentos estará comiendo otra cosa en el cuarto de la limpieza de la clínica.
JOSÉ: ¿En el cuarto de la limpieza? No entiendo...
SERGIO: Prepárame un par de huevos fritos, tengo hambre.
JOSÉ: Explícame eso del cuarto de la limpieza...
SERGIO: Mira en la nevera a ver si hay kétchup. Si no hay, baja al súper y compra, pero de la marca Heinz.
JOSÉ: Voy, pero ¿por qué come mama en el cuarto de la limpieza?
SERGIO: Para no manchar los pasillos, supongo...

Claudia es una tortuga. Normalmente vive en la galería pero cuando tiene hambre, y eso sucede a cada instante, suele desplazarse a la cocina. Allí tiene un rincón preferido, cerca de la nevera y es tan pugnaz que podría quedarse esperando su rancho varias semanas sin inmutarse. De todos los personajes de esta historia, es quizá el único por el que siento verdadero aprecio. Me fastidia que todos hablen bruscamente de ella y siempre por medio de insultos ya que es incapaz de defenderse:

MAITE: ¡Ya se ha vuelto a mear en la cocina el puto bicho! Debería preparar un estofado con él...
SERGIO:  Pero si tú no sabes cocinar ni una tortilla.
MAITE: Que no te prepare la comida no significa que no sepa cocinar, idiota.
SERGÍO: Aún recuerdo los espaguetis que preparaste el día que se murió mi madre. Por cierto, todavía deben estar en el plato. Como no friegas nunca...
MAITE: Yo soy la única que trae dinero a esta casa, no lo olvides jamás.
SERGIO: Pues podrías traer un mocho ahora y limpiar la puta meada. La acabo de pisar...

Generalmente la vida se hace insoportable en la calle, comes poco, se pasa verdadero frío y algunos energúmenos se divierten arreándote patadas en la cabeza, o con suerte, en el trasero, pero peor se vive en este hogar. ¿Hogar? Me hace gracia esa palabra...

SERGIO: Maite, voy a contratar una puta esta tarde, así que intenta no tocarme los huevos, ¿Lo has entendido o te lo traduzco al siamés?
MAITE: Por mí como si contratas a un asesino a sueldo para que te dé el pasaporte.
SERGIO: Mira, acabas de darme una idea estupenda para no tener que volver a verte la cara de mamarracha.
MAITE: Por cierto, ¿cómo vas a pagar a tu zorra? ¿Has vendido algún cuadro? ¿Hay algún idiota que pague por eso?
SERGIO: No he vendido ninguno. Me los guardo para mí. Cuando muera se cotizarán altísimos y me forraré.
MAITE: ¿Te forrarás muerto? Esa si que es buena, subnormal.
SERGIO: Pues se lo legaré a José...
MAITE: José desde que vive contigo se ha hecho tan borrico como tú y actualmente no sabría distinguir un billete de cincuenta euros de un pedazo de papel higiénico. Mejor légaselo a la tortuga, ¡Ja!
SERGIO: Hoy estás más hombruna que nunca, si yo fuera mujer te tumbaría en el sofá y...
MAITE: No eres ni hombre ni mujer, sino el eslabón perdido...

Lo mejor que se puede hacer cuando comienzan las broncas es hacerse un ovillo y dormir. Por lo menos es lo que hago yo y me funciona de maravilla. A veces los gritos desbocados y los insultos me despiertan pero vuelvo a concentrarme en mis cosas y en un instante me encuentro dormido, que es un estado semejante a estar muerto y al mismo tiempo infinitamente mejor.

MAITE: Esta noche no duermo en casa.
SERGIO: Saludos de mi parte a tu señor de la limpieza. ¿Podrías preguntarle qué detergente usa para limpiar el suelo? Jajajajaja.
MAITE: Si queréis cenar, os he dejado 20 euros encima del aparador.
JOSÉ: Que tengas una buena noche mamá...
SERGIO: ¿Tu bedel se pone bata para limpiar? Jajajajaja
MAITE: Buenas noches, José, cariño.
SERGIO: José, los 20 euros me los quedo yo, tú busca algo en la nevera o vete a casa de algún amigo a gorrear.

Por alguna razón, hoy he recordado el día de mi nacimiento, pero no he podido visionar la cara de mi madre, sólo los movimientos de mis hermanos. ¡Y los lametazos! Al final ha llegado un momento en que he tenido que aparcar el sueño porque se hacia realmente insoportable. ¿Dónde estarán los otros en estos momentos? ¿Quizá malviviendo con una familia tan disfuncional como ésta? ¿Muertos y enterrados? ¿Sirviendo de escusa a un sin techo? Tengo hambre. Me levantaría a por una galleta con forma de hueso, pero supongo que se las habrán comido. Podría mirarles con cara de pena implorándoles un plato de algo, cualquier cosa, pero supongo que no serviría para nada. Están demasiado ocupados intentando envenenarse los unos a los otros. Podría escapar, volver a ser libre otra vez y sentir la tierra bajo mis pies. Podría defecar en parques o sobre el césped húmedo y no en un frío y desvencijado suelo de madera mal limpiada. Necesito...

SERGIO: ¡Tito! Ven aquí que estoy borracho. ¡Hip! Hoy te voy a enseñar a dar la patita. Jajajaja ¿Dónde estás maldito chucho apestoso? Voy a darte una paliza. Te juro por mi madre que te vas a acordar de mí. ¿Estás escondido, eh? Te encontraré. Juro que te encontraré, bastardo insolente. Nunca debí traerte a esta casa. ¿Así es cómo pagas todo lo que he hecho por ti? Ah.... ya te veo....jajajaja....Ahora vas a saber lo que es bueno.