viernes, 25 de mayo de 2012

Recuerdos juveniles. Primera parte: El secuestrador de ceniceros

Suzanne Valadon, La chambre bleue. 1923

Esta es la historia de Goyo Pérez, el famoso secuestrador de ceniceros que aterrorizó mi ciudad hace ahora 35 años. Algunos todavía lo recordarán, sobre todo los que tuvieron que apagar sus colillas en un plato de postre o en una baldosa.

Todo empezó un día lluvioso. Lo recuerdo como si fuera ahora. Yo vivía con mis padres, pues aún era un niñato consentido. Recuerdo los gritos de agonía de mi vecina Alfonsa, echándole la culpa a Nicasio, su marido-victima:

ALFONSA: Nicasio, malparido ¿Dónde está el cenicero que me regaló tu abuela el día de nuestra boda?
NICASIO: Palomita, yo qué sé. Sabes que no fumo. ¿Para qué quiero un cenicero?
ALFONSA: Seguro que lo has empeñado. Dime ahora mismo cuánto te han dado...
NICASIO: Barrilita mía, te juro por tu madre, que en gloria esté, que yo no lo he cogido.
ALFONSA: Nunca debí casarme contigo, maldito mentiroso. Te veo en la cara que mientes...
NICASIO: ¿Has mirado en el bolsillo de tu bata?

La cosa no fue a más y el día llegó a su fin, como sucede con casi todos los días. Alfonsa se quejó un par de veces por la noche y la nueva jornada empezó radiante, con un cielo tan despejado que incluso hacía daño a la vista. No fue hasta el mediodía cuando el cartero repartió la correspondencia y volví a escuchar la potente voz de esa especie de hipopótama maldiciendo a diestro y siniestro:

ALFONSA: Nicasio, han secuestrado a mi cenicero. Mira, lee, lo pone aquí. Acabo de recibir esta carta.
NICASIO: ¿Secuestrado un cenicero? ¿Seguro que no has vuelto a beber lejía?
ALFONSA: Han secuestrado a mi cenicero. Han secuestrado a Lucerito.
NICASIO: ¿Lucerito? A ver, léeme lo que pone.
ALFONSA: "Mantengo secuestrado a su cenicero de cristal con incrustaciones de plástico en los bordes. Si quiere volver a verlo entero siga mis órdenes sin llamar a la policía. Esta noche, a las 11 en punto me pondré en contacto con ustedes. No jueguen conmigo, soy peligroso e irascible. Firmado: el secuestrador de ceniceros".
NICASIO: ¿Han secuestrado a tu cenicero Lucerito?
ALFONSA: Pareces imbécil, Nicasio. ¿No sabes decir otra cosa?
NICASIO: Pobre Lucerito...

Decir que Alfonsa se encontraba próxima a un ataque de nervios es decir poco. Incluso mi madre tuvo que prepararle unas cuantas tilas mientras la consolaba diciéndole que fumar era un hábito despreciable y asesino pero que de todas formas debía mantener la esperanza y creer en el altísimo y sus milagros. Sobre las 11, una llamada telefónica rompió de cuajo la incertidumbre:

SECUESTRADOR: Soy el que retiene a su cenicero favorito.
ALFONSA: No es mi cenicero favorito, es mi único cenicero, sabandija ladrona.
SECUESTRADOR; Si quiere volver a verlo vivo, no vuelva a faltarme al respeto.
ALFONSA: ¿Cómo se encuentra?
SECUESTRADDOR: Yo me encuentro muy bien, gracias pero el...
ALFONSA: Me importa un ovario cómo se encuentre usted, especie de chorizo repugnante. ¿Cómo se encuentra Lucerito?
SECUESTRADOR: ¿Lucerito?
ALFONSA: Lucerito, mi cenicero...
SECUESTRADOR: Ah, ¿Se llama Lucerito?
NICASIO: Alfonsaaaa... ¿Dónde has puesto mis calzoncillos?
ALFONSA: Iros a freír espárragos tú y tus malditos calzoncillos.
SECUESTRADOR: ¿Cómo dice?
ALFONSA: No es a usted, se lo decía a mi marido....
NICASIO: Necesito cambiarme de calzoncillos...
ALFONSA: ¿Qué quiere usted de mí?
NICASIO: Quiero mis calzoncillos...
ALFONSA: Cállate ya, estúpido papanatas, intento que no maten a Lucerito.
SECUESTRADOR: ¿Sigue hablando con su marido?
ALFONSA: Si, Dígame... ¿Qué quiere de mí? ¿Sexo?
SECUESTRADOR: Por Dios, señora, usted no es mi tipo...
ALFONSA: ¿Cómo se encuentra Lucerito?
SECUESTRADOR: Lucerito se encuentra bien. En estos momentos está en la pila, a remojo, pues daba asco verlo ¿Es que no lo limpiaba nunca?
ALFONSA: ¿Qué quiere de mi? Devuélvamelo, se lo imploro...
SECUESTRADOR: Si quiere volver a apagar un cigarrillo en su superficie, siga al pie de la letra mis órdenes...
ALFONSA: Le escucho.
NICASIO: Si no me das ahora mismo mis calzoncillos limpios soy capaz de bajar a la calle desnudo.
ALFONSA: Hazlo y te detendrán...
SECUESTRADOR: Deposite mañana a las 10 en punto 30.000 pesetas dentro de un sobre en el buzón que se encuentra frente a la mercería Paquita. Si todo sale bien y tengo en mi poder el dinero sin contratiempos, usted volverá a tener a Lucecito antes de la noche.
ALFONSA: Lucerito. Es Lucerito, no Lucecito.
SECUESTRADOR: Perdone. Quería decir Lucerito.
NICASIO: He encontrado mis calzoncillos, pero están sin lavar. No puedo ponérmelos en este estado. Eres una puta vaga...
ALFONSA: ¿Quieres que te diga lo que puedes hacer con tus malditos calzoncillos?
SECUESTRADOR: No hace falta que le repita lo que puede pasar si no cumple mis instrucciones o avisa a la poli....

Alfonsa era una fumadora empedernida y además estaba enamorada de su cenicero, por lo que satisfizo las exigencias del secuestrador y este devolvió a Lucerito a su dueña, para regocijo de ambos y pesar de Nicasio, que a esas alturas aún no se había puesto unos calzoncillos decentes. Pasaron unos cuantos días y un lunes por la mañana, mientras esperaba que mi padre me diera mi paga semanal de 500 pesetas, me entretuve leyendo el periódico y no pude dar crédito a mis ojos cuando en la primera página a modo de titular pude leer:

"Aumenta el secuestro de ceniceros en Valencia. Sus autores buscan conseguir grandes cantidades de dinero de una forma rápida y fácil. Las víctimas pagan de forma rápida a los delincuentes y optan por no denunciar los hechos ante la policía. Son delitos ocultos, apenas se denuncian porque más del 70% de los secuestros de ceniceros que se producen en nuestra provincia se dan entre las clases medias o bajas. Las Fuerzas de Seguridad destacan dos modelos de víctimas: amas de casa y fumadores empedernidos."

Mientras leía la noticia no podía dejar de pensar en lo afortunado que era, pues como sólo tenía 15 años, todavía no estaba en edad de fumar. Y aunque pudiera hacerlo, en mi casa sería imposible; mi padre odiaba el humo y mi madre odiaba a quien lo produce. Cuando acabé de leer la insólita información, doblé el diario por la mitad y me preparé un Martini dry, aprovechando que mis progenitores estaban en la fiesta que Alfonsa había preparado para recibir a Lucerito y que se prolongaba ya 2 jornadas.

El resto ya es historia. A Goyo lo cogieron con las manos en la masa, o quizá debería decir con las manos en los ceniceros y le cayó una buena condena. Al final quedó en libertad a los 3 años por buen comportamiento y rehízo su vida como buhonero. Falleció a la edad de 87 años en 1998, víctima de un cáncer de pulmón no sin antes escribir su biografía titulada " El arte de la inocencia", publicada en el 2002 por la editorial "Kamasutra"